Andrea TestaFrancisco Márquez son codirectores de la película "La larga noche de Francisco Sanctis", que inauguro el Costa Rica Festival de Cine 2016. Juntos adaptaron la novela homónima de Humberto Costantini que se ubica en el Buenos Aires de 1977 durante la dictadura cívico-militar consideraba como la más sangrienta de la historia de Argentina con un saldo de 30.000 desaparecidos. 

 

¿Cuáles fueron los primeros pasos en la producción de la película?

Nosotros empezamos con la adaptación del guión a principios del 2011, que empezamos a desear querer hacer una película. En ese momento los ópera primistas no podían acceder a un subsidio, lo que existía era un curso que se llamaba Ópera prima al que nosotros aplicamos, porque para obtener un subsidio te pedían previos antecedentes. Esos previos antecedentes significan que vos ya habías estrenado una película, entonces para quienes comenzaban, las puertas no estaban del todo abiertas. Aplicamos y salimos suplentes una vez, decidimos renunciar a esa suplencia y reescribir el guión y la propuesta estética que lo acompañaba. Con esa nueva presentación ganamos el concurso y eso fue lo que nos dio el gran basamento de la financiación.

Luego de eso obtuvimos un premio de postproducción que se llama Fondo Metropolitano y con eso más o menos pudimos emprender económicamente la película. Es una película que nosotros decidimos ser también productores porque nos hemos reunido con las casas productoras más grandes y la estructura nos iba a demandar, que el poco dinero que teníamos para la película se fuera para otras cuestiones, estrictamente en el presupuesto creativo. Así que fue una aventura porque era nuestra primera película de ficción un poco más grande, en la que además armamos equipo entre nosotros dos y Luciana Plantanida, para quién también era la primera vez en ese rol de producción. Comprendimos que los recursos eran escasos, trabajamos entonces pensando mucho con las cabezas de equipo y poniendo siempre a disposición de esa mesa de trabajo, por ejemplo, con Dirección de Arte,que por ser una película de época demandaba quizás mucho más presupuesto del que teníamos, entonces estaba más desfavorecida esa área, pues nos preguntamos cómo podíamos ayudarle desde las otras áreas artísticas. Pensamos toda la película integralmente, la directora de arte sabía cómo íbamos a trabajar el sonido, el sonidista conocía la propuesta de arte… todos compartimos un dogma que era no hacer una película que explicite la dictadura, sino, que la muestre, que la narre.

En Argentina hay una gran cantidad de producción cinematográfica ¿cómo le hacen frente a la distribución de la película? 

Aplaudimos que cada uno que quiera hacer una película pueda acceder de diferentes maneras a hacerla, ese no es el problema. A veces “lo hegemónico” dice que el problema en la distribución es que hay muchas películas y el problema real es que, como pasa en Latinoamérica y en el mundo, las películas hollywoodenses copan el mercado.

Nosotros no lo esperábamos, pero cuando nuestra película logró entrar al Festival de Cannes se le abrió una puerta bastante grande internacionalmente. Pero eso no pasa seguido. En Argentina tuvimos estreno hace poco y también fuimos con pocas salas, de hecho, nosotros ganamos el BAFICI (Buenos Aires Festival de Cine Independiente) y el premio es estar una semana en una de las grandes salas. Nosotros accedimos a ese premio y justo coincidió que el primer domingo había lo que se llamó la Fiesta del cine que pone entradas populares en todas las cadenas, pasando el tiquete de 175 a 35 pesos argentinos, ese día levantaron la película. Entonces, la película argentina que más pantalla internacional tuvo, no es percibida como rentable para la cadena. Y justamente iba a ser la posibilidad de que más gente se acercara a ver una producción independiente. Es paradigmático  que aún así es difícil en términos de competencia. Luego un montón de gente se va a acercar, y se van a abrir un montón de circuitos en universidades y centros culturales, que demuestran que el cine necesita ser visto. Hay como un desequilibrio porque la gente está interesada en relacionarse de otra manera con el cine, no solamente de una cadena. Quieren un espacio en el que puedan estar con los realizadores y puedan debatir, que el cine sea un encuentro entre las personas. Que es algo que se está perdiendo, pero que aún se ve en espacios de resistencia donde el cine cobra otro lugar.

Con el cambio de ideología política en el gobierno, ¿cómo cambian estos espacios?

Se ve que Argentina viene con bastantes años de un gobierno progresista, no ha tocado con profundidad ciertos intereses, pero sí había ciertas políticas donde no era tan necesaria la organización saliendo a pedir más. Lo que está sucediendo ahora con el gobierno de derecha es que la mayor parte de la población quedó como congelada, ahora empieza una necesidad de que esas organizaciones o sectores más de izquierda empiecen a avivarse. En lo que es políticas culturales estamos a la espera, cine específicamente, que salga el nuevo plan de fomento para ver realmente cómo va a ser distribuida la plata del Estado. Lo que se sabe por los títulos, ya que aún no se ve la letra chica, es que va a ver más atención a las grandes producciones y menos a los que recién comenzamos. Ni hablar a los que aún no han hecho su primera película. Entonces todo esto está por aparecer, hay sectores de la industria que están felices con estas nuevas decisiones y hay otros que no, que tendremos que organizarnos y salir a pelear por lo que nos corresponde.

Por suerte, somos jóvenes, varios, no estamos pensando en competencia sino que empezamos a unirnos en lo que nosotros llamamos el colectivo de cineastas, que no es solo de directores sino trabajadores de la industria. Porque si se hacen menos películas hay menos trabajo. Entonces es empezar a juntarnos un poco a la expectativa para ver qué sucede con las políticas pero también pensando a largo plazo, porque este problema de la distribución pasa en Argentina y en el mundo entero, entonces hay que empezar a pensar a largo plazo con el resto de cineastas en Latinoamérica.