Paulo de Carvalho: “(En Costa Rica) falta una política de Estado que piense en el cine”

El brasileño Paulo de Carvalho fue invitado al Costa Rica Festival Internacional de Cine 2017 (CRFIC) para dar una asesoría sobre estrategias para el desarrollo de proyectos a 10 cineastas y productores nacionales con propuestas de filmes y que participaron en Industria CRFIC.

 

Carvalho tiene además de experiencia, conocimiento de causa en ese ámbito, ya que, entre otras cosas, ha desarrollado y mantenido dos proyectos que lo apasionan: su productora Autentika Films cofundada con Gudula Meinzolt -que se especializa en realizar coproducciones con América Latina-, y la programación del festival CineLatino de Tubingo, Alemania, en su rol de director artístico.

 

Con Autentika Films coproduce de forma minoritaria películas latinoamericanas con un acento autoral e independiente, que plantean lo artístico, temático y humanista con preponderancia.

 

Así se involucró, por ejemplo, con el largometraje Ejercicios de la memoria de la paraguaya Paz Encina, que versa sobre las víctimas de la dictadura de Stroessner, así como con el documental El Proceso, de María Augusta Ramos, que retrata el ‘impeachment’ al que fue sometida la expresidenta brasileña Dilma Rousseff. En la actualidad, la película está en posproducción y están tratando de colocarla en festivales, para luego intentar distribuirla en Brasil: “que va a ser difícil”, dice Carvalho.

 

¿Cómo coproducir y distribuir proyectos tan políticos, confrontativos y aguerridos?

 

Aguerrido por parte de la directora. Nosotros entramos al final del proceso. No es solo el tema sino que cinematográficamente está muy bien hecha, tomando en cuenta que es un documental de urgencia.  Va a ser el primero de tres que están haciendo tres directoras mujeres con puntos de vista diferentes sobre este periodo. Hay una milicia fascista que va a atacar el documental. Una película como esta tiene importancia en varios sentidos, primero porque es una cineasta que hizo su película con su plata, y que ahora está en el extranjero colocando su tema, y porque Dilma fue la primera mujer presidenta electa con 50 millones de votos.

 

¿Y la distribución de la película?

 

Estamos buscando distribuidores internacionales a ver quién tiene el coraje, porque ya hay una reacción de una derecha fascista que está en el gobierno. El distribuidor y la sala saben cuál es la posición de la directora, que está muy clara que va en contra del partido en el gobierno.

 

Usted dirige el festival Cinelatino en Tubinga que este año llevó a cabo la edición número 24.

 

Son ya casi 25 años. Vivir en Alemania, para mí personalmente fue muy importante porque yo descubrí América Latina a través del festival de cine en Alemania, aunque yo sentía que programaban muchas películas brasileñas. Luego se enfocó en América Latina en temas  sociales y políticos, que son muy importantes, pero se quedaba en esas temáticas -luego de la tendencia del cinema novo-. Hacer una muestra de cine latinoamericano va a ser así, pero hay cineastas, creativos, artistas, cuyo tema no es este, sino un tema universal o personal, e incluso humanista.

 

En la programación de la edición del Cinelatino este año hay una película sobre el ceviche…

 

Por ejemplo. Extrañamente la película está siendo distribuida en Alemania y el festival también tuvo interés en ella. Todos los años nos enfocamos en un país de América Latina o España, o en un tema, y damos espacio a países como Bolivia, Ecuador, que no son tan conocidos. En el 2018 va a ser Brasil, y en el 2019 Costa Rica; en el 2018 vamos a presentar Medea y Atrás hay relámpagos y este año presentamos El sonido de las cosas.  Siento que aquí hay buena y mucha producción, y quiero ver alguna que otra más actual.  Puede ser una oportunidad el festival para esta región, y presentar seis o siete películas, entre documentales, cortos y ficción, para decir: “Costa Rica hace cine”, pero no llega mucho al mercado, porque incluso países como Brasil y México que tienen producciones más grandes y más internacionales, llegan muy poco. El mercado alemán está muy cerrado.

 

Su tarea en nuestro Festival es dar asesoría sobre estrategias de desarrollo de proyectos. ¿Qué ha percibido en ese espacio de las propuestas costarricenses?  

 

Me gusta hacer asesorías pero no tengo la postura de que yo vengo a decir lo que hay que hacer, sino lo contrario, me gusta la oportunidad de conocer más de Costa Rica,  como sucedió con los diez proyectos para los que hice la asesoría. Lo que siento es que es una cinematografía pequeña, pero hay muchos proyectos y hay una energía, una voluntad, hay una generación joven, en general, que quiere hacer sus ideas y películas y hay un intercambio que me gusta. La cuestión que veo básica es que hay un apoyo que es pequeño y hay muchos proyectos para el apoyo financiero posible, pero falta una política de Estado que piense en el cine -no voy a hablar de industria-, sino como una expresión cultural de un país, de una región, de artistas, pensadores, que circulen en Costa Rica y para fuera, para mostrar una imagen de país, aunque suene burocrático.  Por otro lado, siento que se necesita una unión más fuerte entre los que están en el área de cine, productores, cineastas, que se junten -y aquí no digo de este tipo de cine u otro-, en general, para ir peleando por más espacio y más plata, más concientización, porque el cine puede ser una forma para que las generaciones tengan un punto de vista del país, sobre temas diversos no solo del país, humanos, políticos, que estén fuera de la televisión. Siempre hay divisiones y aquí no es diferente de otros lugares. Entonces hay que juntarse para dialogar con las instituciones que piensan sobre el cine. Hay siempre un discurso que se repite un poco hipócrita de que hay que financiar la salud, la educación y el cine hace parte de eso, de la salud mental, de la educación. El cine genera mucho trabajo, mucho dinero, ayuda a la economía, pero tienen que ver cuál es la visión, los controles, porque es dinero público.

 

Nueve de cada diez películas que se ven en el país vienen de Hollywood, ¿cómo se enfrenta esta realidad?

 

Esto pasa también en Europa, no con un porcentaje tan alto porque se defienden. Es una invasión, es un poder muy grande, una cultura muy invasiva de una forma de pensar, y no se resuelve rápidamente porque es supranacional, es el poder del dinero y las corporaciones. Se enfrenta a través de las escuelas y en el cine, como una forma de trabajar la educación. Hay películas para las escuelas que se pueden estudiar y discutir, con esta cultura de hoy que se pueden ver películas en el móvil es muy fácil de ver, pero al mismo tiempo llevar el cine a la educación para generar discusiones, y claro que la gente va a continuar viendo películas de la forma más fácil, pero hay una historia del cine y del cine de Costa Rica, por más joven que sea. Conseguir salas y apoyo para que el cine de acá esté presente...

 

Que tiene que ver con una ley de cine...

 

Es lo mínimo; se necesita que se discuta y que las diferentes posiciones lleguen a un acuerdo. Parece un poco utópico, y va a tener reacciones en contra de los distribuidores que están conectados con las distribuidoras internacionales de Hollywood que no quieren este cine que ve poco público. Pero el Estado puede proveer espacios alternativos, cines más pequeños. La dominación es muy grande y es solo entretenimiento masivo, pero las películas tienen que traer otras cosas: sensaciones, emociones, poesía. Es una lucha contínua.