Memories of my Body: Los laberintos del género

Por Yoshua Oviedo

Estos productos comunicativos han sido escritos por profesionales costarricenses que han participado en el Laboratorio de crítica cinematográfica del CRFIC. Las opiniones aquí reflejadas son exclusivas de los críticos y no necesariamente representan la posición del festival.

El cine de Garin Nugroho es poco conocido en Latinoamérica. Sin embargo, en festivales europeos ha tenido una buena presencia y en los asiáticos ha sido reconocido en varias ocasiones. Para Occidente, se dio a conocer con …and the Moon Dances (1995), con la cual ganó el premio FIPRESCI en la sección Forum de la Berlinale. En ese mismo festival presentó Bird-Man Tale (2002), mientras que en Locarno ganó el Leopardo de Plata con A Poet (2000). En Rotterdam participó con Soegija (2013), y más recientemente estuvo en competición en el festival de Venecia con Memories of My Body (2018), una historia sobre un hombre que recuerda su pasado en la isla de Java, en la que va construyendo su identidad de género.

Es tradicional ver en el cine asiático de autor historias híbridas que exploran el lenguaje cinematográfico. Se trata, en la mayoría de casos, de una búsqueda estética que cuestiona la obra del propio artista o un tradicionalismo del cine; es decir, la puesta en escena dialoga con las posibilidades de la representación de lo que se muestra en pantalla, con el concepto preconcebido de arte (tanto el del director como el del espectador) y con el argumento. Por ello, estos filmes, aunque resulten exóticos o particulares en lo retratado, son universales por la forma en que están realizados, principalmente porque permiten discutir sobre los caminos que pueden adoptar las obras audiovisuales en el presente.

Sobre este particular, el cine del sudeste asiático ha destacado en las últimas dos décadas. No es extraño ver películas de Tailandia, Singapur, Vietnam, Indonesia o Filipinas en los más prestigiosos festivales. Es una región que se encuentra en un ferviente crecimiento en sus cinematografías y ha empezado a influenciar la de otras regiones. La producción europea o de Hollywood no es más el referente único en cuanto a cine arte o cine autor, más allá de que la segunda siga teniendo un peso indudable en el mercado internacional.

Con Memories of My Body, el veterano director indonesio Garin Nugroho, de prolífica producción, se inspira en la vida del bailarín y coreógrafo Rianto (1981-), nacido en Java Central. El filme se puede dividir en dos segmentos: uno en el que se ve al propio Rianto recordando episodios de su vida y en el que a través de performances establece la conexión emotiva de la evocación. El otro, muestra el pasado del bailarín en cuatro episodios, a través de la figura de Juno, alter ego de Rianto, desde niño hasta la adultez temprana, y cómo va asimilando su sexualidad.

Estos segmentos se van intercalando en forma de viñetas y así crean una línea secuencial de eventos, con un crescendo emocional, en el que el cuerpo es el eje de la narración. De manera acertada, Nugroho hilvana su filme y lo estructura a partir de la sensación corporal o el movimiento al danzar. Sea un dedo ensangrentado, una secuencia de kickboxing o un baile, todo pasa por la contemplación del sí mismo, de la corporeidad y ahí se va construyendo la personalidad.

Rianto es experto en la danza Lengger, que propone un intercambio del género. Los hombres se van maquillando y vistiendo para representar los roles de mujeres. Sus movimientos son sensuales y rítmicos, incluso poéticos. “Tu destino yace en la gracia de tu cuerpo”, señala el tío de Rianto al protagonista.

A través de la danza el director muestra su cultura, algo habitual en su cine, donde procura tomar elementos tradicionales para explorar lo que significa ser indonesio y el conflicto interno que se puede generar de ello.

El joven Rianto aprende a través de la cultura de su pueblo. En ocasiones, las lecciones son terribles y le crean traumas; en otras, son delicias que le permiten explorar encuentros amorosos con otras personas. No obstante, los afiches de Freddie Mercury o David Bowie que adornan su casa desde niño, hacen notar la atracción que siente por el arte, la música y el baile, y ¿por qué no?, por el adoptar una personalidad con la que se dará a conocer al mundo; aunque esta se aleje de la figura heroica de Aryuna, el personaje del Mahabharata por quien fue nombrado.

El relato con su estructura de viñetas va adoptando un tono fabulado, como si se tratara de una epopeya, en este caso la de Juno/Rianto. En ella, su ser va transformándose de acuerdo con sus motivaciones internas. Su cuerpo es un medio para alcanzar la gracia, pero con una forma que no le satisface, razón por la cual lo irá mutando, a pesar del reproche social.

Desde niño, Juno experimentó la soledad, no de forma depresiva, sino como oportunidad para conocerse y aprender sobre la femineidad. La danza le permitió pensar en movimiento, trasladarse, expresarse, frente a una sociedad con su moral estática. También lo fue forjando y fortaleciendo para sobrellevar el rechazo de un país al que el director cuestiona por su postura política.

Al final, después de observar cada memoria, hay una sensación de admiración por ese hombre que desde niño luchó por ser auténtico y nunca perdió la curiosidad. El director fue explorando los laberintos del género, para mostrarnos la belleza, la sensualidad de un ser humano, y la rigidez e incomprensión de la sociedad a su alrededor.

 

País: Indonesia

Año: 2018

Título original: Kucumbu tubuh indahku

Dirección: Garin Nugroho

Etiquetas: 
7CRFIC, Crítica