Entrevista a Susana Santos (Portugal) y Raúl Camargo (Chile), miembros del jurado de las competencias de largometraje centroamericano y costarricense: “Un salto importante para el propio festival pasaría por fortalecer el lazo de Centroamérica con el Cari

Para conformar el jurado de la Competencia costarricense de largometraje y de la Competencia centroamericana de largometraje, el 7CRFIC invitó a Susana Santos Rodrigues (Portugal), quien se dedica desde hace 10 años a la curaduría, distribución y comunicación de cine de autor; a Raúl Camargo (Chile), quien desde el 2014 es director del Festival Internacional de Cine de Valdivia (FICValdivia), en Chile; y a la cineasta costarricense Hilda Hidalgo Xirinachs (Costa Rica), reconocida por películas como El amor y otros demonios y Violeta al fin.

En la Competencia costarricense de largometraje, dicho jurado premió El despertar de las hormigas (Costa Rica- España, 2018), de Antonella Sudasassi, por “su exploración formal del tema del deseo y la autonomía femenina”; y otorgó un Premio especial al documental Callos  (Costa Rica, 2018), de Nacho Rodríguez “por su acierto en el tratamiento de un tema que es íntimo y a la vez político con ramificaciones en toda la región”.   

En el caso de la Competencia centroamericana de largometraje, el jurado destacó la película Temblores (Guatemala- Francia, 2018), de Jayro Bustamantae “por la capacidad de retratar una situación que pareciendo inverosímil es totalmente real y contemporánea, a través de una narrativa visual y sonora hábilmente construida”.

Asimismo, este jurado concedió una Mención a La batalla del volcán (El Salvador-  México, 2018), de Julio López, por “poner en valor el registro histórico de un proceso político confrontándolo, con algunos de sus protagonistas, en el presente”.

El 7CRFIC conversó con Susana Santos y Raúl Camargo después de haber elegido las películas premiadas.

A continuación, un resumen de la entrevista.

Fueron invitados como jurado del 7CRFIC. Imagino que hay un intercambio, una discusión, un poner en común conocimiento y experiencias entre las personas del jurado.

Susana Santos: Sí, la constitución del jurado pasa por la decisión de quién se elige para jurado y en este caso había un tercer miembro que es la costarricense Hilda Hidalgo. Nosotros somos programadores, ella directora. Desde el punto de la génesis hay una decisión importante a tomar que es compartir distintas visiones. Yo soy europea, Raúl chileno. Obviamente nosotros de afuera no tenemos la misma perspectiva, creo que la confluencia de eso es importante.

Raúl Camargo: Claro. Cuando un festival invita un jurado es porque esa persona tiene una idea o defendería una idea similar a la que el festival plantea, porque el cine como muchas disciplinas de la vida, no sólo artísticas, tiene distintas variedades, distintos énfasis, distintas búsquedas artísticas y políticas.  Por ende, también un certamen elige dónde poner el foco, qué es lo que quiere realizar. Sería muy extraño que un festival tuviera un foco en el cine independiente artístico de vocación con respecto a las búsquedas del cine y sus posibles reinserciones, e invitar a un jurado que es más bien un jurado de cine comercial, mainstream, dónde lo que prima es lo económico por sobre lo artístico. Entonces, cuando ya el festival te invita, de cierta manera uno asume que están confiando en las personas que están detrás. Ahora, lo interesante es cuando se producen los encuentros y las conversaciones, sobre todo las deliberaciones, porque a veces uno piensa que hay una persona con la cual podría haber cierta afinidad y se sorprende que es lo contrario o al revés. Y también hay deliberaciones históricas en ciertas instancias internacionales que se han hecho publicas después -como a nivel de leyenda- con personas que enfrentan deliberaciones de horas y horas. Jamás se pierde de vista el hecho de que estamos conversando entorno al cine, pero entorno a ciertas ilusiones de una serie de películas, que a su vez aceptaron estar bajo un formato que se llama competencia. También hay una responsabilidad con respecto a tomarse eso en serio.

En el mundo del cine independiente existe focos especializados en distintos tipos de festivales. ¿Cómo caracterizarían al nuestro?

RC: Es muy difícil hablar de esto porque con el tema del cine independiente tengo una serie de reparos. En países como los nuestros, donde no hay una industria y un mecenazgo fuerte, en general todo el cine es independiente. Y a su vez lo que se conoce internacionalmente como cine independiente es muy dependiente de ciertos fondos que hace que las películas se moldeen de cierta manera. La pregunta es independiente de qué. Se suele entender más bien que el cine independiente es el que, según su definición, escapa un poco a lógicas comerciales, tanto su ideario como su propia distribución. Esta independencia siempre hay que verla con sospecha.

Este Festival de cine lo que hace es defender un cine que permite generar una posibilidad al público de ver algo distinto. Generalmente los festivales de cine, las muestras, los ciclos en los centros culturales, son espacios de resistencia ante la homogeneización de la fórmula comercial que es la que habitualmente se está viendo, ni siquiera en cine, si no en el iPad, en el computador, en las pantallas que no corresponden a la pantalla grande. Los espíritus de los festivales de cine independiente buscan mostrar esta alternativa. Por supuesto, también hay que ver en qué consiste esa alternativa, porque en un territorio que no exhibe cine o que tiene pocas posibilidades de estar al tanto de lo que pasa en otros países del mundo, probablemente también podría ser importante ver una película comercial finlandesa, por así decirlo.

Cada festival se va especializando, buscando un foco, y de hecho esa especificidad puede ser incluso decir “nosotros queremos ser un gran muestrario”, desde lo más experimental a lo más comercial. Y en caso del Festival de cine de Costa Rica, es más bien una muestra de autores de cine contemporáneo de prestigio, con una competencia territorial y, por ende, una mixtura entre estos grandes maestros, autores y películas que más bien se eligen por ciertas necesidad de públicos, por ejemplo, la sección de niños y jóvenes. Un festival es un cuerpo vivo. Si bien en general las competencias muestran la puesta o el corazón del festival, muchas veces la gracia es el contrapeso: el invitado de la (sección) Retrospectiva, las competencias, las películas de apertura versus las paralelas que dan un panorama global, un mosaico mucho más heterogéneo. Porque existe el riesgo ante la necesidad de contrapesar este cine dominante, que se termine dando otro cine dominante, distinto, pero dominante al fin y al cabo.

En el caso del cine portugués, ¿cómo lo sopesarías?

SS: En Portugal tambien ocurre que un director trata de hacer algo en un molde mainstream americano -o de dónde sea-, y pierde su identidad o lo que podría ser más auténtico o propio, sólo que no se exporta fácilmente. Lo que más se ha destacado del cine portugués es ese cine con una voz muy artesanal. Hay algo que se logra porque es hecho fuera de moldes industriales. Y cuando digo esto, pienso mucho en Argentina, en dónde viví un par de años, y me di cuenta de lo que era realmente la industria del cine. Obviamente sabía que hay una industria de cine francés, de Estados Unidos, y ahí me di cuenta de varias cosas: de sindicatos, de reglas que en el cine portugués -yo trabajando con uno de los principales productores del cine portugués-, no entraba siquiera en los parámetros de la producción en Portugal. Así que creo hay un lado muy artesanal, poético, que sigue existiendo y que debe seguir recibiendo aplausos.

Ustedes vienen de afuera y entran en contacto con nuestra sociedad, ¿cómo logran contextualizar lo que observan? ¿La idea es analizar las obras a la luz de parámetros que ponen en común, o más bien la diversidad de miradas es importante para la discusión?

SS: No hay recetas. Cada jurado, o cada constitución de un jurado, da origen a un resultado que no significa que es menor o más interesante que el otro, pero la conversación que surge, la evaluación o los parámetros, se hacen en la discusión. No hay una pauta. Acá alguien me preguntaba si existía una grilla para evaluar una película, pero los parámetros son sociológicos, políticos, de lenguaje cinematográfico, que son como la tierra y sus temblores que se van ajustando, acomodando. Lo lindo de un jurado es escuchar a la otra persona, poder dar tu opinión, reflexionar y ahí tomar una decisión.

RC: Coincido. Lo fascinante tiene que ver con los procesos de aprendizaje que uno termina llevándose para la casa, que conoces a través de películas pero sin conocer el contexto. El cine de Costa Rica en los últimos años es un cine que tiene salida internacional, a nivel de festivales, bastante potente.

SS: Limitado, pero se está situando en el mapa.

RC: Uno si bien puede tener ciertas inquietudes con respecto a saber los porqués o preguntar a ciertos actores de la industria dichas razones, es distinto cuando estás in situ, sobre todo porque uno empieza a ver que ciertas situaciones que podía ver como instancias escritas del guión o inventivas, que podrían terminar siendo más bien situaciones realmente cotidianas. Es un conocimiento somero que da el sobrevuelo que implica estar en un festival una semana en un país. Es muy interesante el poder ir anotando en la libretita qué es lo que se programa, porque el festival de Costa Rica no sólo exhibe las películas terminadas del país y de Centroamérica, sino que además la instancia de Industria permite adelantar un poco lo que van a ser los años venideros. Permite generar un mosaico bien potente que permite, más allá de la idea de industria y de la comunidad cinematográfica, ir potenciando la internacionalización de un cine que necesita de un apoyo decidido del Estado para poder seguir en esta escalada. Hay un dejo en el cine de Costa Rica de generar una golondrina en verano, una pequeña estación o temporada, de tres o cuatro años, pero si esto no se mantiene, si no hay un apoyo decidido a nivel del país, eso puede quedar mermado. Sobre todo porque, en general, las películas que han ido circulando son primeras o segundas películas, y en general, a su vez, las ayudas internacionales están diseñadas para primeras y segundas películas. ¿Qué va a pasar, entonces, con esa personas que ya tienen una segunda? ¿Lograrán hacer una tercera?

Luego de haber observado las películas, ¿cuál es el balance que hacen? El Festival  logró, por ejemplo, una paridad de género en cuanto a dirección y codirección de mujeres.

RC: Hay una escena joven costarricense de cine que está realizando películas en que se van rotando ciertos roles, pero que emergen ciertas personalidades, con bastante variedad con base en las temáticas que se van desarrollando. Es una generación que se va adicionando a su vez a una generación que ya lleva cierto tiempo en la propia realización y que, en comparación con Centroamérica, es un colectivo donde van emergiendo distintos directores. Esto a diferencia de otros países de Centroamérica, en que más bien dependen de un autor en particular que va estableciendo la irrupción del país en las lides internacionales. En ese sentido, es muy importante que el Festival apueste por el territorio centroamericano, por una parte, manteniendo esa exclusividad de una competencia sólo de Costa Rica, porque la calidad de las películas y la emergencia de las mismas permite tener una buena cantidad para una sección exclusiva. La apuesta por Centroamérica a nivel de (la sección) Industria es muy potente en el sentido de que no solamente es una industria meramente para películas de Costa Rica, sino que si yo soy de El Salvador puedo postular a la fase de Industria, lo que lo hace muy potente. Quizás a nivel de programación- exhibición, un salto importante para el propio Festival en un concepto internacional, pasaría por fortalecer el lazo de Centroamérica con el Caribe, manteniendo la especialización en Costa Rica, pero adicionando a Centroamérica el territorio común insular. Eso en la lógica de exhibición abre una fortaleza mucho mayor. Actualmente, Centroamérica es una region muy golpeada a nivel político, un poco volviendo a las situaciones que lamentablemente se dieron hace décadas de guerra civil, intervenciones y demás, con películas que emergen con base en esos dolores, pero que son dolores compartidos por Centroamérica, es decir, hay posibles puentes. Ya hay un territorio común más allá del mar entre Centroamérica y el Caribe que podría ser bastante interesante para un festival, manteniendo su competencia costarricense.

SS:  Eso definiría un perfil del Festival que podría ganar más fuerza todavía si se asume con esa posición de Centroamérica más Caribe.

Históricamente en Costa Rica ha habido migración de Jamaica y Cuba, y de República Dominicana recientemente. En el caso de la paridad con respecto a mujeres directoras, ¿qué piensan?

SS: Si creo que funciona y me quedé con la sensación de que hay más directoras mujeres, aunque la verdad es que sin ninguna prueba clara de estadística, no sé. Otra sensación que tuve en relación al cine costarricense, es que casi todos los directores estaban estudiando afuera y volvieron después. Con Raciel (del Toro, director artístico del 7CRFIC) hablaba que ya había una formación y educación en cine, y que la formación se da a lo interno del país, lo cual me parece muy importante. Creo que la educación es fundamental para que se pueda desarrollar el cine en un país.

¿Cuál es el balance sobre las películas que seleccionaron como ganadoras?

SS: Cada una de las películas tiene su mérito cinematográfico más allá del contexto político; entonces fue la confluencia de las dos cosas.

RC: Nosotros no premiamos ninguna película por dedicarse a un tema, sino en el cómo se expresaba el equipo realizador a través de ese tema. Estamos hablando de un festival de cine, por lo tanto la forma de trabajar las temáticas sociales contingentes cuando uno es invitado como jurado tiene que ver con cómo cinematográficamente se trabaja esa instancia; por ende, si hubieran sido películas que a nosotros no nos hubiesen llamado la atención bajo esa línea artística, no se habrían premiado, así como más allá del porcentaje de mujeres y hombres en la selección, el premio principal no tiene que ver con que sea una directora mujer, es por la película en sí...

El hecho de que exista esa forma de seleccionar hace que la mujer premiada llegara ahí.

RC: Sí hay un foco, una preocupación por parte del equipo del Festival con respecto a poner en competencia películas que justamente están hablando de los tiempos actuales. Por un tema de cronograma del día, básicamente sólo podíamos ver  películas en competencia y claramente hay un foco político importante, que tiene una variante artística, y al revés también. En ese sentido es muy fluida la selección oficial, no aparece como forzada con respecto a una suerte de "pongamos la cuota de diversidad sexual, la cuota de mujeres...", sino que se genera un todo entre las películas, los documentales, las ficciones, películas de vocación masiva, otras más experimentales. Así se va generando una idea de las distintas posibilidades de producción en Costa Rica y Centroamérica. Nos parece que la selección oficial fue muy buena. Faltaría incorporar la parte Caribe para fuera un círculo virtuoso absoluto.

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7CRFIC, Crítica