Entrevista a Rafael Sampaio, jurado de la sección Industria del 7CRFIC: “Es fundamental consumir cine nacional y no sólo enlatados”

El director brasileño de la plataforma BrLab, Rafael Sampaio, fue invitado al 7CRFIC en calidad de jurado de la sección Industria, corazón pedagógico y competitivo del Festival que apoya, visibiliza e impulsa el desarrollo y finalización de proyectos cinematográficos centroamericanos.

Junto a Isabel Arrate (Países Bajos) y Marcela Esquivel (Costa Rica), Sampaio reconoció a seis películas en gestación o en posproducción, las cuales recibieron premios con contenido económico y en especie.

Los proyectos premiados en la categoría de Cine en posproducción fueron Ceniza negra, de la directora Sofía Quirós con producción de la cineasta Mariana Murillo; El silencio del topo, largometraje documental guatemalteco de la directora Anais Taracena y producción de Rafael González; Polvo de gallo, película salvadoreña del director y productor Julio López; y el largometraje costarricense Río Sucio, con la dirección de Gustavo Fallas y la producción de Ruth Sibaja.

En la categoría de Foro de presentación de proyectos de Industria CRFIC, el proyecto cinematográfico ganador fue Lugares vacíos del director Zenén Vargas y el productor Santiago Durán de Costa Rica.

En esta misma categoría, la propuesta Si no ardemos cómo iluminar la noche de la directora Kim Torres y la productora Alejandra Vargas de Costa Rica se alzó con el Premio Cine House.

El CRFIC entrevistó a Sampaio después de haber seleccionado los proyectos ganadores de Industria.

A continuación ofrecemos un extracto de la conversación.

Es director del BrLab (el principal laboratorio de desarrollo de proyectos cinematográficos en Brasil), productor de KLAXON Cultura Audiovisual, programador de espacios culturales y productor de muestras y festivales de cine y de películas. Cuéntenos sobre su trayectoria en la industria independiente cinematográfica.

Rafael Sampaio: Empecé a trabajar en la cinemateca brasileña, en promoción y programación de cine  que es algo que me apasiona. Desde ese lugar empecé a promover otros tipos de espacios, no sólo festivales sino también algunas retrospectivas y muestras, a través de mi empresa -creé en el 2011 una plataforma en Brasil para desarrollo de proyectos que es el BrLab, un taller anual-. También empecé a producir películas que fue el último paso de esta trayectoria. Me apasiona el poder transformador de la ideas de las redes del arte cinematográfico, de la industria cinematográfica, y por eso no me aventuraba mucho a producir. Entonces a lo largo del BrLab y con mi socio que tiene una trayectoria de producción dijimos: ¿por qué no empezamos nosotros a desarrollar nuestros propios proyectos con directores en los que creemos y trabajar y acompañarles en un momento en que había más fondos en Brasil? Ahora estamos en una crisis.

¿Ahora estás más enfocado en alguna área?

RS: Estoy enfocado en los talleres en el BrLab. También  organicé en los últimos años ocho talleres para ANCINE (en los Laboratorios de Desarrollo de Proyectos del Prodav 4) que es nuestro centro de cine, para proyectos que ellos eligieron de distintas tipologías: series de ficción, de animación, de documentales, de largos. Muy enfocado en el BrLab y en la producción.

¿En la producción de películas de autor?

RS: Sí. Nos interesa ayudar a que autores y autoras puedan contar su punto de vista sobre determinado tema que también nos interese.

¿Cómo logran financiarse?

RS: Con mucho trabajo. Está financiado un poco por lo que sembramos históricamente, pero ya para los próximos años va a ser mucho más difícil porque empiezan a cerrar los fondos (en Brasil).

¿Está anunciado?

RS: Sí. Están interrumpiendo fondos, están revisando la forma de fiscalizar la rendición de cuentas, la forma de evaluar proyectos. No sabemos qué va a pasar.

¿De qué forma las plataformas de formación profesional llamadas laboratorios fomentan el diseño y ejecución de proyectos?

RS: Los laboratorios son espacios en donde se juntan creadores y productores que estén trabajando en el desarrollo de un proyecto en específico, para a partir de dicho proyecto trabajar distintos aspectos de su propia carrera. Es un espacio importante para probar un proyecto que está en desarrollo. El cine demanda una inversión muy alta de dinero de producción, entonces la etapa de desarrollo es muy importante, así como la interlocución con otras personas. Por ejemplo, en el BrLab y en otros laboratorios  funciona casi como un primer público del proyecto. Un director que participa de un laboratorio y discute cuestiones como la estructura de determinada película, los personajes, por qué esos personajes accionan, por qué los sucesos han sido creados así. Eso le da herramientas para trabajar sus próximas películas. Por su parte, el productor que participa en el BrLab, a partir de un proyecto específico está aportando contenido como plan de financiación, estrategia de producción, plan de comercialización, cómo esa película  y otras que ese productor tenga van a circular en el mundo, cómo trabajar con ese director, cómo encontrar un coproductor, qué es una coproducción natural, por qué coproducir, cuáles son las implicaciones de coproducir. Es importante que entendamos que los productores son una pieza creativa del proceso, que el productor no es sólo una persona para manejar papeles, burocracia, administrar dinero y poner las coas en Excel... el productor participa del desarrollo.

Participaste como jurado en la sección Industria del 7CRFIC. ¿Qué te encontraste en esos proyectos?

RS: Es bastante diverso. Yo vine la primera vez en 2011 como jurado de Cinergia. Siento que es una producción que ha madurado mucho, que ha encontrado espacio, casi una identidad, y es cine que maduró técnicamente. Del panel del Work in Progress, las películas que están en primer corte son bastante diversas en las temáticas. Eran tres ficciones costarricenses, bastante diferentes entre sí y bien logradas. Luego seis, dos documentales de Guatemala, una ficción de El Salvador… creo que me está faltando una... ¡ah! y otro documental de Costa Rica. Muy diversos entre si, también los documentales con autoras presentes, documentales intimistas que querían abordar desde una perspectiva, por ejemplo, familiar cuestiones de salud pública.

Tenemos esta idea de una identidad oficial “estática y única”, pero en realidad somos muy diversos.

RS: En los proyectos de Costa Rica hay una diversidad de historias y puntos de vistas e historias universales: proyectos de personas de pueblo, de pescadores del Caribe, sobre la feminidad. En Cine en desarrollo hay muchos personajes femeninos a las que películas buscan dar voz, incluso cineastas hombres quieren dar voz a cuestiones de los derechos de las mujeres.

¿De las poblaciones LBGTI también?

RS: No había ningun proyecto.

¿Cuáles proyectos eligieron y por qué?

RS: Un documental de un asesinato de una guerrillera... No exactamente una guerrillera, era una chica que tenía 18 años…

Viviana Gallardo.

Rafael: Sí. Es un documental (Lugares vacíos del director Zenén Vargas y el productor Santiago Durán de Costa Rica) sobre Viviana Gallardo, de unos chicos que están muy empeñados en investigar y traer luz a ese suceso de la historia. Nos encantó tanto su pasión por el tema como la voluntad de una nueva generación de mirar hacia el pasado y traer luz y registrar algo que por lo general no esta lo suficientemente visibilizado y contado. Luego, el otro proyecto tiene una mirada bastante artística y peculiar, un universo femenino y un pueblo que nos encantó (Si no ardemos cómo iluminar la noche de la directora Kim Torres y la productora Alejandra Vargas de Costa Rica). Y Ceniza Negra (con dirección de Sofía Quirós y producción de Mariana Murillo), que es una película muy buena, que sabemos va a viajar, y que va estar acá, porque todo eso es parte de la misma cadena. Esas películas que hoy están en desarrollo que estamos escuchando y premiando, dentro de seis años van a necesitar un espacio que es el espacio del Festival, para ser visto después.

El director artístico del CRFIC, Raciel del Toro, dijo que estas premiaciones de Industria definen de algún modo el cáracter del Festival. Industria CRFIC es como un corazón pedagógico, formativo y competitivo.

RS: Yo creo que los festivales hoy tienen dos sentidos y funciones principales. El primero es la función social para el público que vemos acá, que son sesiones lindas, llenas de gente que habla, que pregunta, que tiene contacto con películas que van estrenar, espacios para reflexionar sobre el cine, pero también para ofrecer a un público el chance de ver películas que no se estrenarían comercialmente. Los festivales también tienen un valor dentro de la propia industria, que es dar visibilidad a las películas, como es el momento del lanzamiento de películas, que tengan más proyección de prensa. Además, los festivales son un ecosistema para la propia industria. Tienen su espacio de desarrollo y generan redes de conexión. Generan confianza y relevancia. Hoy en día hay tanta producción, tantos proyectos en desarrollo. Por ejemplo, en el BrLab recibimos cerca de 350- 450 para doce cupos. ¿Cómo se genera relevancia a un contenido desde el principio, cómo se destaca también?

Es importante proveer de otra experiencia cinematográfica al público en estos tipos de eventos

RS: Es fundamental consumir cine nacional y no sólo, como decimos en portugués, enlatados. No vamos a dominar Cinemark con películas centroamericanas, entonces debemos encontrar otro espacio, por eso los festivales son importantes.

¿Podrías referirte a la importancia de tener una ley de cine que establezca cuotas de pantalla, por ejemplo?

RF: ¿Aquí no hay cuota?

Todavía no; tenemos un proyecto de ley de cine que está en la Asamblea legislativa, pero no se ha aprobado.

RS: Es fundamental para proteger un poco el mercado, porque, de hecho si no hay cuota, la producción no tiene dónde exhibirse.

El cine independiente entra a competir en desventaja, es una acción afirmativa.

RS: Casi todas las leyes de cinematografía tienen porque es una forma de proveer a la industria propia.

La gente no tiene internalizado que el cine y las artes en general contribuyen a la economía.

RS: Claro. El cine genera mucho empleo. Hoy en día en Brasil el cine es un sector que está casi al nivel del sector textil. Genera mucho empleo y paga a las personas, genera economía, genera imágen del país en el exterior. Es un producto que se exporta. Acá eso está cambiando.

Sí, de hecho se ha fortalecido a lo largo de los años, la industria cinematográfica.

RS: Yo evito usar esa palabra, pero me parece que tenemos que usarla más.

 

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